Si todavía no haz descubierto la respuesta, te cuento que los sentimientos amorosos se forman en el cerebro.

SIII EL CEREBRO!!!

Científicos de la Universidad de Concordia, en Canadá, aseguran que prácticamente coincide con el área donde reside el deseo sexual. Los estudios del cerebro ya han demostrado que las emociones humanas se originan en el llamado sistema límbico, un conjunto de estructuras importantes que incluyen el hipocampo y la amígdala, entre otras.
En esta región se controlan una serie de funciones que incluyen las emociones, la conducta, la atención, el estado de ánimo, la memoria, el placer y la adicción, etc. Hasta ahora, sin embargo, había sido muy difícil ubicar el lugar exacto del amor, porque tal como señalan los expertos, a diferencia de otras emociones “concretas” como la ira o el placer, el amor es mucho más complejo y abstracto y parece involucrar muchas áreas del cerebro.

¿QUÉ OCURRE EN NUESTRO CEREBRO CUANDO NOS ENAMORAMOS?

Los estudios demuestran que la primera vez que nos enamoramos, los niveles de serotonina se desploman y los centros de recompensa del cerebro se inundan de dopamina. El efecto es similar al de una droga altamente adictiva. Crea fuertes vínculos en nuestras mentes entre el placer y el objeto de nuestro deseo. En el caso de hormonas como la oxitocina y la vasopresina, nos ayudan a dar el paso adelante y parecen ser cruciales para la formación de relaciones a largo plazo. Las parejas que han estado juntos durante varios años muestran una mayor actividad cerebral asociada a estos productos químicos cuando miran fotografías de su pareja. La oxitocina se produce cuando las parejas tienen relaciones sexuales y se tocan, se besan y se dan masajes el uno al otro. Es la hormona que nos hace depositar nuestra confianza, nos ayuda a superar el “miedo social” y resulta indispensable e importante para la unión. Solo tardamos medio segundo en enamorarnos -el tiempo que necesita nuestro cerebro para poder liberar las moléculas neurotransmisoras que generan las distintas respuestas emocionales.
Por su parte, el análisis de los escáneres cerebrales de aquellas personas que están enamoradas coinciden con el viejo adagio “el amor es ciego”. Es completamente cierto. Mientras que las áreas de recompensa de dopamina están entusiasmadas en el amor, las regiones relacionadas con las emociones negativas y juicio crítico están completamente apagadas.
“Mientras que los hombres, cuando se enamoran, parecen tener una mayor actividad en la región cerebral asociada a los estímulos visuales, en las mujeres se activan más las áreas asociadas a la memoria”, señala el Dr. Porta-Etessam. Según diferentes estudios, sea cual sea el origen y el propósito del amor romántico, las relaciones a largo plazo son sin duda importantes para hacernos sentir felices y plenos.

¿QUÉ NOS ROMPE EL CORAZÓN?

Por desgracia, no todo es vino y rosas cuando se trata de amor. El éxtasis, la euforia, el júbilo y la alegría, pueden ser acompañados por sentimientos tan negativos como celos, rabia, rechazo y odio.

Los celos no sólo nos hacen sentir dolor y ansiedad por desear lo que no poseemos, sino que proyecta inseguridades y sentimientos de inferioridad frente al objeto que produce tantos celos.
En un estudio publicado en la revista Science (5) se realizaron algunos experimentos en lo que se pretendía encontrar cuál es el área de nuestro cerebro que nos hace sentir celosos. Los resultados fueron claros, parece que ese “monstruo” que habita en nuestros cerebros se encuentra en el lóbulo frontal.
Se podría decir que la envidia o los celos nos producen un malestar comparable al dolor físico.
Así que lo mejor es enamorarnos, confiar y no hacernos novelas de hechos que nunca ocurrieron y que no sabemos si alguna vez ocurrirán.
Las abuelas decían “PARA QUE LLAMAR A LA DESGRACIA, SI ELLA SE ENCARGA DE VENIR SOLA, en otras palabras para que adelantarnos a situaciones inciertas que lo único que hacen es hacernos enfermar.

AMEN, VIVAN, DISFRUTEN, Y NO SE PREOCUPEN.