Cuando elegí a mi cliente ideal (Hombres y mujeres mayores de 40 años) Lo primero que vino a mi mente fue EL SINDROME DEL NIDO VACIO, tema que en ese momento a mi también me preocupaba y me estaba afectando emocionalmente.

Primero cuando mis hijos fueron terminando su secundaria, me fui dando cuenta que tenía más tiempo libre, comencé a aburrirme, el sedentarismo aumentó, comenzaron los sentimientos de tristeza y también enojo, “SI ENOJO”, por que dentro mío sabía que algo me estaba faltando y no me estaba dando cuenta que era. Así fue que empecé a sentir una gran necesidad de hacer algo más por mi vida.

Al poco tiempo mi hijo mayor consigue trabajo por lo cual estaba mucho menos tiempo en casa.  Acostumbrada a rezongar y reclamar por todo, como solemos hacer muchas mamás (a mi juicio no por querer parecer siempre la mala de la película, como tantas veces nos hemos catalogado, si no por querer que nuestros hijos lleguen a ser siempre mejores de lo que ya eran) y ese espacio de tiempo en el que mi hijo estaba en casa iba desapareciendo. No solo por su trabajo, si no que había noches que ni cenábamos todos juntos en familia como siempre solíamos hacerlo, una noche amigos, otra un cumpleaños, otra un recital, otra jugar a la pelota, o ir a bailar, etc…

Ahí fue donde toda esa descarga emocional a la que estaba acostumbrada hacer, fue desplazándose hacia mi esposo, entonces los reclamos ahora los tenía que escuchar el.

En lugar de encontrar soluciones a lo que estaba sintiendo, iba pasando el paquete de uno al otro.

Hasta que le llegó el momento de comenzar a despegar a mi hija y comienza a estudiar una carrera que le demandaba prácticamente todo el día. Fue ahí donde me di cuenta que algo quería cambiar en mi vida y apareció el Coaching Ontológico, que me abrió las puertas a un mundo maravilloso.

¿Te estarás preguntando para que te cuento todo esto?

Hoy puedo afirmar que como la mayoría de los cambios, nos puede representar UNA CRISIS O UNA OPORTUNIDAD

El síndrome del nido vacío comúnmente solemos vivirlo con sentimientos de pérdida, miedos, ansiedad, por el cambio que se avecina. Se trata de tiempos de cambios y contradicciones, por que a la vez nos sentimos felices de ver a los hijos desarrollarse.

Entonces… 

¿Cómo lo vemos si creemos que es una crisis?

  • Si los niños han sido el foco principal de nuestra vida.

Los que nos hemos centrado en la crianza de los hijos, con exclusión de nuestros  propios intereses, nos solemos encontrar vagando por la casa vacía, sintiendo que el propósito en la vida ha desaparecido.

  • Si otros padres eran nuestros únicos amigos.

Es muy fácil pensar que tenemos una vida social muy activa cuando estamos rodeados de gente todo el tiempo debido a las actividades de los hijos. Muchos padres no pueden encontrar el tiempo para desarrollar amistades adultas reales cuando están inmersos en la crianza de sus hijos.

  • Si los niños son una excusa, para no darse cuenta de la falta de diálogo en la pareja.

Como papás hemos pasado mucho tiempo centrándonos en el trabajo y en las actividades de los niños. Y cuando los hijos se van, nos encontramos mirándonos el uno al otro como verdaderos extraños.

  • Si nos deprimimos por la idea de que ya no te necesitan como padre o madre.

Es el momento de encontrar otra manera de relacionarse con los demás y sentirse bien consigo mismo.

Y ahora… ¿Cómo podemos vivir esta etapa de la vida como una nueva oportunidad?

  •  Para ganar espontaneidad.

Practicar actividades de ocio (comenzar con alguna actividad física, volver a reencontrarnos con alguna pasión, como ser un hobby) sin necesidad de una rígida planificación puede ser realmente agradable y enriquecedor.

  • Para dejar de ser un modelo a seguir

Cuando estaban los hijos en el hogar, era como una necesidad servir de ejemplo y cuidar las formas. Esto se terminó.

Ahora podemos darnos ciertos permisos que antes no nos permitíamos (por lo menos de vez en cuando). Como ser levantarnos y acostarnos más tarde.

  • Para el desarrollo de tus propios intereses.

Es el momento de cultivar y  disfrutar de todo lo que nos hace felices.

  • Para comprar cosas para nosotros mismos.

Sin nadie que necesite zapatos nuevos o dinero para una excursión, es maravilloso poder salir de compras de vez en cuando para nosotros mismos.

  • Para volver a conectar con nuestra pareja.

A menudo las parejas sufren algún que otro descuido cuando están centradas en la crianza de los hijos. La comunicación suele centrarse en la logística y en la resolución de problemas. Sin hijos en casa, la pareja puede redescubrirse y llevar su relación a un nuevo nivel.

  • Para obtener más intimidad.

Ya no hay motivo para protegerse de las intimidades personales que forman parte del romance adulto. Hacer el amor despreocupadamente en el salón o la cocina, o simplemente llevar un camisón travieso en lugar de un pijama de franela.

  • Cultivar nuevas amistades o mantener las que ya teníamos.

Regalarnos más momentos de estar con amigos, ir a cines, bares, teatros, reunirnos en casa, sin horarios y reírnos a carcajadas hasta que las velas no ardan.

  • Regalarnos sueños postergados

Llegó la hora de hacer realidad esos sueños que teníamos postergados. Hacer un curso, emprender un negocio, comenzar una carrera, dedicarle más tiempo a la salud, a la espiritualidad, viajar con nuestra pareja o irnos a tomar un café a la salida del trabajo, meditar, terminar de leer ese libro que había quedado arrumbado. Etc…

Entonces ahora que ya conocés más de que se trata todo esto que vas a elegir  

¿Oportunidad o crisis?

Ser padres es una maravillosa experiencia. Y una vez que los hijos crecen, nos toca a nosotros decidir lo que vamos a hacer con el resto de la vida que nos queda. 

Sin duda, mantener el contacto y relación con nuestros hijos como adultos debe ser parte de la siguiente fase. Nuestros hijos no pueden seguir siendo el centro de nuestras vidas, si queremos que sean adultos sanos con nuevas familias. Es el momento para volver a descubrirnos a nosotros mismos.

Solo depende de nosotros decidir si esta etapa se convierta en una oportunidad o en una crisis. Como seres humanos contamos con la maravillosa habilidad de decidir lo que queremos hacer.

A veces tenemos la suficiente capacidad y recursos personales para hacerlo y a veces vamos a tener que  pedir ayuda profesional, para poder decir adiós a ese capítulo y hola a uno nuevo.

En cualquiera de los casos siempre será otra oportunidad para crecer y avanzar en el camino de la vida

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