Estamos a unos pasos de que finalice agosto y muchos somos los que nos gusta hacer un balance de todas esas metas que nos propusimos alcanzar al empezar el año.

Para serte completamente sincera, en lo que va de  este año,  mi foco estuvo más comprometido y centrado en lograr expandirme y crecer profesionalmente (por lo cuál me siento muy feliz y cada vez más entusiasmada)

Y si bien, en el 2016 había logrado superar bajar de peso, incorporar el desayuno a mi vida, salir a caminar todas las mañanas, eliminar el gluten en mi alimentación, consumir cómo mínimo mis ocho vasos de agua, al hacer este balance de mitad de año, pude darme cuenta que mi compromiso con MI AMIGO EL CUERPO, no estaba siendo el mismo. Y esta actitud me estaba provocando bastante enojo con migo misma.

Así que, me propuse diseñar un nuevo plan de acción, (Reciclar lo viejo, para que nazca algo nuevo), para volver al rumbo y seguir achicando la brecha hasta llegar a la meta que deseo alcanzar.

Parecería que volver a tomar el rumbo, luego de cumplir los 40 años, se torna cada ves más difícil, sobre todo cuando hablamos de cambios de hábitos. Pero no existe nada que nos haga creer que es imposible.

Cuando hablo de “Plan de Acción” te aclaro que mi plan, en ningún momento debe ser semejante al tuyo. Ya que todos somos únicos en todos los sentidos, y lo que se puede adecuar a mí, seguramente no se adapte a vos.

Más allá de que prefieras reducir el consumo de carnes, hacer actividad física en un gimnasio, salir a correr o caminar, guardar en el placard ese pantalón que te entraba el año pasado para que te recuerde tu meta, ponerte una foto en la heladera de tu estado “para VOS, ideal”.

Existen algunos tips que te pueden ayudar al momento de poner las bases para crear tu Plan de Acción.

1- ¿Escuchaste alguna vez, que es mejor preferir DESAYUNAR como reyes, ALMORZAR como príncipes y CENAR como mendigos?

¿Qué pensamientos se te disparan al leer esto? ¿Crees que esto puede ser posible? ¿Qué actitudes crees que podrías cambiar, para poder lograrlo?

2- Al querer implementar un cambio en tus hábitos, tu actitud va a jugar un papel muy importante, puesto que no es lo mismo creer que estamos embarcados en una lucha sin cuartel, a vernos comprometidos con el estilo de vida saludable que deseamos tener.

Cuando logramos entender esta diferencia, sentimos como que de pronto todas las piezas del rompecabezas comienzan a encajar.

3- Nada se logra de la noche a la mañana. Nadie nació siendo triunfador, ni nadie nace con la disciplina y los hábitos saludables incorporados. Todos los que se han propuesto estos desafíos, han pasado por situaciones difíciles.

Te invito a que te preguntes… ¿Qué fue lo que  a esas personas las impulsó  en su camino hacia el éxito? ¿Qué escucharon, sintieron o soñaron, para que se les haya despertado el deseo y energía para actuar y alcanzar su meta?

4- Compartí tu sueño con otras personas que te entiendan y busquen los mismos cambios que vos. Esto puede motivarte e inspirarte; saber que no se estás sol@, es de gran ayuda. Hablá con amigos, asistí a un grupo, quizás ahí esté el  “clic” que tanto esperas para poder tomar el timón.

5- Al querer poner el cuerpo en acción, lo más común es pensar en hacer algún deporte, o ir al gimnasio. ¿Sabías que también puede ser limpiar la casa, bañar al perro, pintar el cuarto, bailar…? La idea es dejar de pensar sobre el problema e involucrarte con el cuerpo el tiempo suficiente para que la mente baje la guardia y se levanten las barreras.

Este “clic”, habitualmente requiere de varias etapas de reflexión, preparación y frustración.

Y volver a empezar.

Pasar estas etapas es la clave primordial para encontrar el camino adecuado.  

 

 

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